Madrid, 12 de Marzo de 2004

En memoria de las victimas y sus familiares

Hoy hace cuatro días que se produjo el inhumano atentado múltiple en Madrid. Tal vez tendría que haber escrito algo aquel día, tal vez al día siguiente, lo cierto es que hasta hoy no he tenido fuerzas para poder expresar con claridad lo que siento. Durante estos tres días me ha invadido una profunda sensación de irrealidad, como si se tratase de una película que una vez encendidas las luces todo quedase en la ficción. Pero está mañana, al levantarme, un nudo desde el estomago a la garganta me ha atenazado, casi me ha paralizado por el simple hecho de pensar, de ponerme durante un instante en el pellejo de un de los miles de familiares que han sufrido la perdida de uno de los suyos en este magnicidio. Los siguientes párrafos que escribo están dedicados a la memoria de los inocentes que perecieron en el atentado y a las familias que quedan huérfanas de las ilusiones y la presencia de aquellos de los que no se pudieron despedir. Para todos ellos mi sentimiento más profundo de apoyo.

Proximidad
De alguna manera, lo que ocurriría en Madrid esa mañana del jueves 11 de marzo lo podía sentir como mío. He pasado un tiempo trabajando en Madrid y creo que conozco bastante el ritmo de la ciudad a esas horas de la mañana: personas que se levantan muy temprano para coger una sucesión de trenes que los transporte a la otra punta de la capital para enfrentarse a una dura jornada laboral o estudiantil. Anónimos conocidos que llevan viajando juntos en los mismos medios de transporte durante casi una década y que no han cruzado una sola palabra en todo ese tiempo. Los avisperos de las estaciones donde se cruzan las líneas: Atocha, Cuatro Caminos, Plaza de Castilla, lugares rebosantes de vida mientras la ciudad despierta. Una coreografía perfecta que al final de cada acto pone a todos sus bailarines preparados para afrontar sus obligaciones de cada día. Y es esa perfección incontrolada la que más impacta al chico de provincias que consigue un trabajo en Madrid y se enfrenta con el reto de llegar a tiempo a trabajar sin tenerse que levantar al amanecer salvando la maraña de combinaciones que lo llevarán a su destino. Tengo docenas de amigos y conocidos que van a trabajar a Madrid desde las afueras, que han incorporado en sus vidas la rutina del trasporte, del madrugar, que son excelentes profesionales y gente vital. Por suerte, mucha suerte, ninguno de ellos se vio envuelto en el atentado pero solo el hecho de pensar que podrían haber estado allí, duele, más de lo que se puede pensar a la distancia.
La situación es también próxima desde el punto de vista de las familias. Poco antes de marcharme de Madrid dos atentados se produjeron. En uno de ellos mi mujer trabajaba cerca del lugar del atentado que casualmente fue en el barrio donde vivía cuando la conocía. En aquel momento y tras conocer la noticia, un par de llamadas bastaron para tranquilizar la situación. La segunda vez fue peor. Ella, ya embarazada de nuestra hija, iba a clases de conducir y en el trayecto que iba de su trabajo a la academia, pusieron una bomba a una hora muy próxima a la que ella pasaba. Yo me enteré en el coche cuando salía a buscarla y durante un largo rato, o a mí así me pareció, su móvil estaba fuera de cobertura. Durante ese tiempo mientras intentaba salir del atasco provocado por el atentado y con el desasosiego de no dar con ella(s) mi mente se llenó de pensamientos nefastos y la mezcla de tristeza e impotencia me acongojaban... pero por suerte, ella dio conmigo y todo quedó en una anécdota macabra.

Muestras
Tras muchas decepciones de esta a la que llamamos sociedad occidental (países ricos con alguna consideración sobre los derechos humanos generalmente regidos por regímenes seudo-democráticos) me he llegado a emocionar por las muestras sinceras y reales de solidaridad y apoyo que el pueblo de Madrid ha recibido. Ya sea desde pequeños municipios en los que sus habitantes desde la más directa sinceridad se preguntaban por la clase de cosa (porque todos sabemos que no existe ningún animal capaz de cometer este tipo de actos, excepto el hombre...) que fue capaz de llevar a cabo esta locura o en las concentraciones cívicas de las grandes capitales he percibido como el pueblo se empataba con los sentimientos de esas miles de familias que habían perdido a alguien o sufría a causa del atentado y transmitía su calor. Ver a la gente en Roma de manera espontánea mostrando su dolor ante la embajada, alemanes en Berlín dejando ver sus sentimientos, portugueses hermanados como nunca antes (la presencia del máximo mandatario en la manifestación de Madrid me pareció un ejemplo algo más allá de buena vecindad) y Sudamérica entera llorando la tragedia... Son ese tipo de actos y situaciones los que nos ponen el dedo en la llaga, los que nos hacen saltar las lagrimas y los que espero poder transmitir a mi hija para que pueda ser una persona mejor en el futuro.

Causas y Culpables
Detrás de toda esta tragedia se encuentra la política, los políticos y los extremismos. En estos momentos las causas y los culpables están aún por determinar pero mi propósito solo es uno: encontrar a los culpables (los que cometieron el atentado y los que le indujeron a hacerlo) y hacerles pagar con todo el peso de la justicia y si este no fuese suficiente revisar nuestro sistema legal para dejar claro a estos desalmados que quien cometa este tipo de tropelías será juzgado con la contundencia que se merecen.

Futuro
Para mi futuro es una palabra llena de connotaciones positivas: mejorar, llevar a cabo proyectos, ilusiones, en definitiva, oportunidades. Desgraciadamente este atentado ha puesto sesgado ese futuro a 200 personas y a gran parte de sus familiares y amigos. La vida de los que han sobrevivido al atentado así como la de las familias de los fallecidos van a estar marcadas por este terrible hecho y es nuestra obligación la de ayudarles a llevarlo, que siempre en sus vidas cuenten con el apoyo de todos aquellos que tuvimos la suerte de no sufrir y que las muestras de los últimos días no queden en el hecho anecdótico festivo en el que este tipo de eventos suelen caer con el tiempo. En nosotros recae la responsabilidad moral de que ellos puedan tener un futuro.
Tal vez mañana o dentro de un mes algo vuele a mi cabeza, de lo que sí estoy seguro es que esta pagina estará siempre aquí como parte del homenaje que todos los que han sufrido la violencia y el sin sentido se merecen.

G desde Atocha (14 de Marzo de 2004)